Música del Puerto
Muchos se descerebran preguntándose por qué sale tanto arte desde Valparaíso.
Como nací en el Puerto, corrí por sus escaleras, jugué a la pelota en las inclinadas calles, me tiré en chancha o una tabla con cera por Cajilla ni me lo cuestiono, lo siento natural.
La alternativa de ser niño en el Puerto es igual de hermosa a nacer en Florencia o La Habana, todo te impresiona, nada ni nadie es un extraño y algo te pasa de tanto mirar el mar.
Siempre sentí que nada era imposible y que como vivíamos encumbrados estábamos más cerca del cielo, los ángeles nos llegan más temprano, estamos más a mano de la salvación que se traduce en arte (dios es mi arte).
Caminar, subir escaleras infinitas, ir en tren a Limache o sentir como la lluvia cae en el techo que caminas desde tu habitacion, nada es imposible para los porteños, por eso construimos esas casas que re-caen como Cortazar, esos rincones llenos de gatos y perros que tanto odian los santiaguinos que vienen sólo al carrete de Valparaíso.
Sentirte porteño es sentirte salvado, de la indecencia, las dolencias y el olvido ya que el mar y su neblina nos expían a diario, los perros nos saludan al pasar, las putas nos daban agua cuando caminamos para dibujar tantas veces la ciudad.
Por eso todo(s) empieza(n) y termina(n) en el Puerto. Porque lo quieren pero no y nadie, que no sea porteño comprende al fin que en Valparaíso sí fuimos felices.