Viña es un festival…
No soy viñamarino de nacimiento. Cuando me preguntan de dónde soy siempre respondo que soy porteño, de Valparaíso. Sin embargo en Viña es donde vivo, acá hago mi vida, mis negocios; acá estudian mis hijos, por las calles de ésta ciudad es por donde camino a diario y he aprendido a quererla como mi Puerto.
Nunca supe bien qué buscaban de Viña los que vienen cada tanto, hasta que abrimos el Hotel que tenemos con Babi. Viña fue y es destino porque era una ciudad limpia, ordenada, de calles tranquilas con vista al mar.
Viña representa todo lo que el santiaguino quiere y no tiene. Sol, playas, aire puro, gente sencilla y amable. Los viñamarinos somos felices de no ser de Santiago, pero el mercado puede más.
La misma destrucción asquerosa que ha llenado de decadencia evidente a Santiago la están repitiendo descaradamente las constructoras, el poder y la administración mediocre de un municipio sobrepasado por el poder económico en Viña del Mar.
Están destruyendo la ciudad cuadra por cuadra, llenándola de edificios de dudosa arquitectura y calidad, futuros bolsones de pobreza y delincuencia.
Maximiliano Martin hace hoy una denuncia del descaro, del “país del yo no fui”, de la irresponsabilidad y la indecencia. Todo lo destruimos, todo lo demolemos en un afán triste de querer acabar con nuestro pasado sin dejar lugar al recuerdo y el patrimonio. El Colegio de los Padres Franceses de Viña del Mar, entre 1 Norte y 1 Poniente, centro de la ciudad está siendo demolido con descaro y una falta de cariño por su inocente arquitectura que da una pena enorme. Pero lo que no entiendo es que además de borrar nuestra memoria colectiva destruyan los árboles. No lo entiendo, ni justifico ni amparo.
Cómo es posible que el mercado tan inteligente y moderno, no pueda hacer un proyecto que incluya los árboles? Cómo es posible que los curas vendan los terrenos que los cobijaron por decenas de años y no digan nada? Cómo es posible que el municipio le importe un bledo la destrucción de la naturaleza en un lugar donde faltan árboles, como lo es la cuadra de Uno Norte con 1 poniente?
Hasta dónde llega la estupidez, falta de cariño y perversidad de la empresa constructora Almagro? Su Gerente, sus dueños, sus accionistas, sus familias, sus hijos, sus empleados aprueban la destrucción de árboles de más de 20 años? Y dónde está la Alcaldesa, los diputados, las autoridades?
Hasta dónde destruirán nuestra ciudad para construir edificios indecentes en tamaño, de arquitectura bananera y de un desprecio absoluto por la vida y el medio ambiente?
Ahora que vienen las elecciones empujemos a que algún político prometa que se hará cargo, que se la jugará por los viñamarinos y su ciudad.
Me apena el futuro, nadie querrá venir a una ciudad réplica del desastre ambiental que es Santiago de Chile.