Mucho se ha discutido acerca de la supremacía o conducción del diseño desde la usabilidad. Se teme que los diseños queden supeditados a las pruebas que hacemos de los sistemas digitales a través de las evaluaciones con usuarios.
Se habla de un diseño usable como un diseño pobre en estética, racional, duro y hasta fome, sin alma. Se personifica dicho diseño con Nielsen que debe tener uno de los sitios web más feos que recuerde.
Es verdad, cuando los diseñadores dejamos entrar a nuestra disciplina aquellas provenientes de la ingeniería de software y la psicología, la razón y sus evidencias inrrefutables afectan las decisiones del Diseño Visual. Es cosa de ver los trabajos de las consultoras de usabilidad cuando deciden emprenderlas con el diseño visual.
Una vez obtenidos los wireframes podemos empezar a testear los mismos y dichas piezas que trabajan con la parte racional del sistema resultan tan obvias y respetuosas de los resultados que cercan al diseño visual casi a una etapa que sólo “pinta” dichos wireframes.
Soy hincha de los wireframes ya que es la única manera que nos permite reflexionar las interacciones duras, aquellas que son imposible de cuidar a la hora de las maquetas, aquellas que construyen la capa emocional de los sistemas con las audiencias. Sin embargo me resisto a la máquina productiva comandada por la razón y que simplifica a las interfaces como la sumatoria de efectos estéticos.
La capa visual es aquella que nos entrega las interfaces que permitirán conectar los factores emocionales y de branding con las personas.
Dicha etapa es la más difícil porque camina por la delgada línea estética donde el “gusto” puede destruir o completarlo todo.
Entiendo el proceso de Diseño que incluye el perfecto equilibrio entre la razón de la usabilidad y la emoción de las interfaces, donde la capa emocional es finalmente la que conversa con los usuarios. Un sistema perfecto es aquel donde la razón es por defecto e invisible.
Sin duda gozamos aquellos sistemas que funcionan bien, sin embargo compramos interfaces, consumimos visualidad, mucho más aquellas que poseen un trabajo racional tan nítido como invisible que logra entregar una satisfacción plena.
Por lo mismo la capa visual requiere de un diseñador culto, lleno de experiencias y respetuoso de las evidencias que nos regala la usabilidad.
Cuando fue el desastre del Exxon Valdez en Alaska, con el derrame más grande de petroleo hasta ese momento (1989) no existía la internet ni las redes sociales. El principal conductor de la noticia fue CNN; información unívoca donde la poderosa Exxon pudo comprar su impunidad social.
Hoy con internet y las redes sociales la comunicación es multiunívoca y en particular la más valiosa es aquella que emerge de las audiencias, ávidas de intervenir y que su voz opinión castigue o premie para provocar cambios. Hoy el Diseño, como una reflexión y protesta puede valorizarse más gracias a que se construye una red de protesta civil a través del re-diseño del logo de BP, responsable de la tragedia ambiental del Golfo de México.
El Greenpeace lanzó la iniciativa de protesta civil a través de una red social que permite a cualquiera emitir su protesta, re-dibujando el logotipo de BP.
El efecto es inmediato y masivo. Las redes sociales no sólo permiten que la marca hable (cosa que al paracer no hace) si no que todos hablen, esto hace que la marca no sólo sufra un enorme daño legal, político y económico, si no que de comunicación.
Podrá BP usar su famoso logo verde, lleno de vitalidad ambientalista después de este desastre con su marca? Podrá BP ser igual después de todo esto?
Lo dudo, y de eso nos encagaremos todos.