Basta con la tecnología

by Jorge Barahona

Nada más simple que una cuchara, sin embargo la cuchara y tu celular ambos, son producto de un “conjunto de habilidades que permiten construir objetos y máquinas para adaptar el medio y satisfacer necesidades, incrementando el bienestar de las personas”, léase tecnología.
Cada impresora, notebook o transacción bancaria que usas son el resultado de la permanente práctica humana de hacer tecnología.

Sin embargo cada vez más se confunden a los que trabajamos en entornos tecnológicos con Ingenieros, programadores y “sábelo-todo” del universo que rodea la tecnología.
Es que casi nada de lo que hacemos a diario deja de ser un invento, objeto o soluciones que permitan adaptar el medio para obtener ese supuesto bienestar, el problema es quién es quien en este caos.

Quiénes saben o tienen acceso a ese nuevo conocimiento que lejos de dar bienestar golpea en los atribulados nuevos usuarios que se ven -por distintos e irrenunciables motivos- obligados a usar esa tecnología nueva.

Es lo que pasa con lo digital, la Internet, el cable, los medios y un sin-número de mezclas entre lo móvil, los sitios web, las redes sociales, twitter, google-docs y un cuanto hay que ya se mezcló demasiado como para entender desde el comienzo.
Los que hemos abierto antes nuestros ojos seremos eternos lazarillos de una mayoría ciega que al igual que una clase de cálculo es imposible saber qué pasaron en la anterior si no viniste. Te la pierdes para siempre y saber cuesta caro, muy caro.
Y eso es lo que sucede ahora, que de tanto desarrollar nuestras competencias nuevas, nos hemos acostumbrado a tratar de responder un cuanto hay entre el límite de la tecnología misma,  los medios, la buena voluntad y la comunicación digital.

Entonces el explosivo mercado digital empieza a pedirnos respuestas varias. Las agencias de publicidad nos llaman, los medios, la tele. En familia nos tildan de “computines” y amenizamos los almuerzos dominicales tratando de explicar lo inexplicable ya que los que se quedaron abajo de este tren que corre a exceso de velocidad se quedaron en la estación análoga para siempre.

Porque desarrollar las competencias necesarias requiere de muchas horas de estudio, sacrificio pero sobre todo lucidez para saber mezclar las cosas, saber las porciones indicadas para avanzar en un mundo distinto, donde cada vez más, al parecer sólo los lazarillos tenemos las respuestas.

Lo complicado es que te lo paguen, ya que el grupo de competencias para ser lo que soy no se estudia formalmente en ninguna parte -en un país amante de los títulos y los grados-  y donde se debiera estudiar están pegados en plataformas añejas o dedican más tiempo a la capacitación que a investigar y desarrollar nuevas respuestas.

Por eso un “profe” de Castellano que programa en RoR se come con pies y cabeza a un Ingeniero. Por eso un Periodista da pena al lado de un estudiante de 3ro. que administra los contenidos y las  conversaciones de una campaña en internet.

Porque la distancia es mucha, mirar hacia atrás da vértigo, sentarse a esperar, lata.

Y ya que somos los que estamos dibujando el escenario digital permítannos explicarles que una cosa es hacer que un vídeo se embeba en un sitio web y otra muy distinta es que tengamos que explicar como es posible esa maravilla.

Consideren que lo que hacemos es relacionado a las comunicaciones, no a la tecnología misma. Porque la mal llamada tecnología está en todos los rincones de vuestras vidas y la verdad, poco importa saber qué tiene adentro el celular, lo que importa es que puedo hablar con mis hijos e incluso mirarlos en tiempo real.

Lo que al final importa de la tecnología es que nos permite desarrollar los verbos posibles. Lo demás pronto, muy pronto será un commoditie y lo que realmente tendrá valor serán las ideas geniales y… los lazarillos que sabemos por dónde ir.

Sólo falta confiar en los chicos de 17 años que están programando el próximo Google o haciendo nano-tecnología. Confía, si no te quedarás aún más atrás, tan lejos que no te podremos arrastrar de vuelta.