Inspiración versus disciplina

by Jorge Barahona

 
Camino a Tortel
Hace años que hago foto blanco y negro análoga. Como tal, hace un tiempo hice un año de taller con el maestro Luis Poirot, una de las cosas que han marcado positivamente mi vida.

La pasión y cariño de Luis, más el increíble oficio que luce lo hacen el maestro ideal para un porro como yo que va y viene de la fotografía sin pudor alguno y en un eterno y sistemático buscar la foto perfecta.

Todo fue bien hasta que decidí hacer una pequeña travesía fotográfica por la Patagonia. El viaje fue increíble porque la Patagonia lo es. Pero después de disparar más de 600 fotos, mi eterna lucha con la perfección y auto-censura me hacen sentir que sólo 8 fotos me provocan menos pudor mostrar, entre ellas la de arriba.

La Travesía en la Patagonia me colocó de golpe en el convencimiento que elegí un oficio hermoso e increíble, que hace que florezcan todas tus carencias y emociones. La foto es eso, sólo el reflejo del alma de quien las saca y eso cuesta aceptarlo, porque vives buscando tu mejor foto cuando lo que debes buscar es la mejor foto que el oficio te regala.

Hace meses que entré en una reflexión que ya terminó (que felicidad, estaba angustiándome) sobre cómo hacer foto para el delirio de mi ego y liberar el alma que necesita expresarse. Cómo haces para despojarte de tus miedos y carencias para dejar que la foto hable?

Sólo con sudor, rigor y trabajo. No hay más. 

Vives tratando de obtener un regalo que la foto no ta va dar si no te aplicas y rindes a su exigencia. Porque éste hermoso oficio es justamente esa incapacidad de saber si dentro de todo lo que hiciste está la foto que conversa.