Ismael Basura

by Jorge Barahona

Cada cierto tiempo pasa por mi casa “el niño que pide”. Es el nombre con que se identifica a través del citófono un joven veinteañero que practica una de las más tristes e indignas tareas que pueda hacer cualquier ser humano: pedir algo, cualquier cosa que nos sobre. Pide porque tiene hambre y desesperanza.

Jimmy se identifica como un niño y su solicitud es directa. Su mirada es extraviada, de pelo sucio y largo, viste el polar de un colegio católico y carga con una bolsa de enseres mínimos, normalmente alimentos.

Me importa un carajo mi ingenuidad y las sospechas clásicas de los demás de que es un flojo que le sale mejor andar pidiendo que trabajar. Como si golpear las puertas que lo separan de nuestro mundo fuera tan sencillo. Hay algo de Jimmy que me impide no creerle cuando me dice que no sabe qué hacer y que lo único que se le ocurre es pedir por las casas que acuden a su triste llamada con algo de alimento.

Esta vez andaba con su hijito de unos 5 años. De enormes ojos,  jugaba meterse sus manitas a una boca plagada de restos de chocolate. Su cabeza rapada terminaba la imagen del típico niñito de la calle, uno igual que Jimmy, sin alimento, ni oportunidades, ni casa, ni educación ni nada.

Cuando le pregunté su nombre me respondió con un triste Ismael Basura. Mi mente se quedó en blanco, mis ideas de un mundo mejor sucumbieron, mis anhelos y esperanzas se cayeron de golpe, no sabía que decir. Me quedé petrificado escuchando un Ismael que se siente hijo de lo que sobra. Es posible que su corta vida ya le enseñó que no pertenece a éste barrio a esta ciudad, ni este país ni este mundo. Ya sabe que es la escoria, lo que no queremos ver ni sentir, el ya sabe que es parte de lo que no queremos asumir. Sabe que sobra y que como no sirve para nada hay que tirarlo lejos.

Eso es lo que hacemos a diario con los que sobran, los dejamos hundirse en su desesperanza y tristeza. Los dejamos tirados sin darles la ayuda que tanto necesitan. Isamel es el próximo odio que tendrás ante tus ojos recordándote que hemos fracasado.

Jimmy y su hijito son el fracaso de Chile, nuestro fracaso, mi fracaso. Como profesional, como chileno, como ser humano, como padre e hijo de esta tierra generosa.

Se acaba este año maldito, un año lleno de problemas, uno extraño, olvidable que al finalizar nos envía un misil directo a nuestra línea de flotación y que hunde cualquier pensamiento egoísta sobre lo mal que nos fue.

Yo estaba leyendo el diario, cerrando ventanas para que no entrara el humo de los incendios que acechan la ciudad. Jimmy y su Ismael se colarán para siempre en nuestras casas. Estarán ahí esperando a que los salvemos de la pobreza y la desesperanza. Estarán ahí, esperando que terminemos con el egoísmo obsceno en que hemos transformado nuestro país. En el Chile del “hazte cargo solito” los Jimmys no tienen ninguna otra herramienta que golpear las puertas, las rejas, los citófonos y los muros que hemos construido,  para no dejar entrar la basura de la calle.