La batalla de Chile

by Jorge Barahona

Cada vez que veo éstas imágenes lloro en silencio. Lleno de impotencia mis recuerdos se mezclan entre el registro del cineasta Patricio Guzmán y los que me tocó vivir en los convulsionados días del gobierno constitucional de Salvador Allende.

Ver éstas imágenes es ver mi vida y la de millones de chilenos que vivimos en carne propia cómo la generación de nuestros padres fue incapaz de evitar la masacre del golpe de Estado, el exilio y el dolor permanente que dejó la asonada militar ese nublado 11 de septiembre.

Ahora que tengo hijos entiendo que todo los sueños revolucionarios de nuestros padres fueron antes que todo actos de amor, tal vez equivocados pero de amor al fin y al cabo.

No somos más culpables hoy, los que no hacemos nada por evitar el pisoteo de un mercado despiadado o la destrucción de nuestros ríos? Acaso no hay más culpa en nuestra incapacidad generacional en provocar los cambios que sentimos harán de nuestro país, uno mejor para nuestros hijos?

Con qué derecho o mejor dicho con qué moral podríamos juzgar las decisiones que tomaron las anteriores generaciones si la nuestra no hace nada épico por cambiar la historia?

Ver la “Batalla de Chile” es llorar por los caídos, los que ya no están, los desaparecidos, los exiliados por los degollados y torturados. Pero también es llorar por mi mismo y mi vida llena de contradicciones y también sueños.

Verla es hacer honor a nuestra historia innegable, llena de mentiras y dominación. Es urgente verla para entendernos, saber quiénes somos, qué hicimos, a quiénes hicimos daño y cuál fue el costo de la vida que tenemos hoy.

Verla es re-conocer que hubo una mayoría de chilenos que en algún momento de nuestra historia quiso provocar el cambio desde la democracia, con un voto, pero que no fue tolerado por la clase dominante.

Hace justicia con mi padre que desde su dolor es un sobreviviente. Verla es masticar un poco con él sus sueños y el dolor de los campos de concentración. Porque conecta las vidas y ayuda a encontrar las hebras dispersas en nuestra memoria.