Laurie Anderson, evidencia hermosa

by Jorge Barahona

Laurie Anderson

Recuerdo exactamente el día en que escuché por primera vez a Laurie Anderson. Fue en casa de un amigo en Valparaíso, 1985. Escuchábamos “Mister Heartbreak” en vinilo, off-course.

Quedamos anonadados con ésta mina que cantaba como los ángeles historias locas con música inquietante y novedosa, acompañada por consagrados como Robert Fripp, Peter Gabriel o William Burroughs.

Eran tiempos de Fito, Charly, Silvio a escondidas, The Pretenders, King Crimson, Eno y Peter Gabriel. Laurie no tenía nada pero todo que ver con todos y con nadie. Era como que nos “cantara” (si se puede decir a sus tracks canciones) desde otro planeta.

Nada fue igual después de escuchar, grabar en cassettes de cromo y re-escuchar a “la Laurie”. Transversalizó a mis amigos de todos lados, quedamos enamorados para siempre de la perfecta sinfonía celestial que es su música para no bailar; para escuchar y sentir.

Poco a poco empezaron a llegar sus obras como de contrabando a nuestras vidas. En tiempos de lo prohibido el arte de Laurie fue permeando nuestra sensibilidad puesta a prueba en cada uno de sus nuevas obras. Poco a poco entre los pocos que la seguimos escuchando nos fuimos quedando en su universo, sus historias, sus personajes, sus inventos, su arte.

El mundo se digitalizó y no hay nadie más digitalizado que Laurie Anderson ya que su propuesta está siempre unos años por delante de todo, aunque si hay una artista a la que poco le importa su posición o novedad es a “la Laurie”.

Parece que en la Nasa si logran captar algo de su hermoso arte porque como dice Maquieira:

“Quiero ser poeta de la Nasa
que es donde se está haciendo
lo que debieran hacer los poetas,
fotografiar lo desconocido”

Fotos del recital de Laurie Anderson en Chile