Siendo análogo

by Jorge Barahona

Por qué me largo a la Patagonia a sacar sólo fotos blanco y negro análogas?

Primero porque es la culminación de un período alucinante de re-encuentro con mi alma fotográfica y que es parte central de mi oficio de Diseñador.

Durante 18 meses estuve en Taller con Luis Poirot y su mujer y musa Fernanda Larraín.

Un buen día mi mujer leyendo una nota pequeñita en un diario, me lanzó la idea “ese Taller te gustaría” fueron sus sabias palabras. No sabes Babi lo feliz que me ha hecho tu consejo y tu compañía.

Alguna vez estando en la universidad otro maestro, Carlos González, también así, de improviso me colgó una AE1 con diapos en un Valparaíso que por ese entonces sólo dibujaba.

Tantas veces que recorrí y fotografíe Valparaíso incluso para filmar un largometraje mas nunca me sentí cómodo con aquella fotografía de la pobreza y la orfandad. No es que me deshaga así no más de mis negativos de fotos de niñitos y dormilones de plazas de mi cuidad querida, no. Lo que pasa es que después del oficio aprendido con el Maestro Poirot hay renuncias y una de esas es Valparaíso.

Sólo Sergio Larraín pudo sin nada más que sus fotos contarnos en silencio qué es Valparaíso.

Ante esa obra me inclino. Ante aquella que habla desde lo sencillo y la humildad del oficio que sólo los maestros logran. Yo sólo soy un oficioso, un pequeño artesano que ama la fotografía y que alguna vez espera te emociones y puedas ver lo que yo vi cuando disparé.

Irme a la Patagonia tiene muchas lecturas, la principal es que en el Taller aprendí que sólo con la exigencia más alta podría acercarme al oficio y el paisaje es una de ellas. El paisaje es por lejos para mi lo más complejo ya que aparentemente no hay objeto si no una escena. Y es que la foto de paisaje cae constantemente en la misma trampa de la “postal” y no caer en esa trampa es mi juego y mi riesgo.

Es necesario además ir en soledad, solo y a tiempo para aprender de la luz del sur, de sus lugares que no lo son y sus cielos. Para entender el silencio que tanto me falta y sentir desde la humildad el paisaje y su lenguaje esquivo. Necesito sentarme en la Patagonia y sentir el viento y la soledad en el medio de la nada y de todo.

También necesito con urgencia fotografiar lo que destruiremos. Detesto saber que soy un privilegiado que vivirá un lugar del planeta que desaparecerá para siempre. Esa exclusividad me hace infeliz y pequeño.

A ver si mis fotos sirven para mostrarles a los necios a los ausentes a los mismos que volteaban la cara en los tiempos del dolor y el exilio el error que estamos cometiendo al permitir con nuestra pasividad e ignorancia la destrucción de uno de los últimos rincones sin daño ambiental del mundo.

Como ves, mi viaje es una Travesía a un delirio que tengo con los cielos, con el paisaje con las cosas sencillas pero esenciales que sólo la foto nos entrega pero también lleva la urgencia de la denuncia y el abuso.

Es una Travesía Análoga porque además me cuestiona y opone a lo que soy, un ser digital. Esta Travesía me hace recordar y declarar que somos seres en transición y que sólo desde el oficio análogo podremos entender y crear en el digital.

Me largo para buscar en la luz y los grises lo que nos es invisible y esquivo.

Voy en busca de mi Chile.