Silencio

by Jorge Barahona

La fotografía necesita del silencio y la espera. Hay un tipo de fotógrafo que parece que no le cuesta nada disparar las tomas ese que le dice a las modelos “sos una diosa”. Ese fotógrafo tiene todo bajo control porque está en un estudio donde casi todo está previamente dispuesto y maqueteado.

La otra fotografía, por ejemplo la de paisajes es necesariamente un dialogo entre el fotógrafo y el paisaje que desea ser foto y no una postal. Esa foto necesita del silencio, la contemplación, el espacio y un tiempo distinto. Es que es un diálogo contigo mismo, uno que se despierta cuando admiras la belleza es su estado más puro, esa que no podemos intervenir mucho, esa que es casi un regalo.

A Río Mayo

Acá las primera maquetas de mis fotos de la Patagonia Análoga (vienen más).
El trabajo es tan lento que casi se nos olvida, pero es ese tiempo al que estoy apelando para no olvidar que este oficio es en la demora necesaria, es imperfecto, sutil y casi desapercibido.

Fueron 720 tomas de 5 días que me provocan nostalgia y alegría. Las dos primeras semanas de marzo estuve revelando los rollos. Ahora es el momento de la segunda reflexión, es el tiempo de maquetear las posibilidades que se abren y se cierran cuando ves los negativos.

Entrar el laboratorio con 40 posibilidades es una delicia porque sabes a media que algo viene. Sin embargo es en el cuarto oscuro cuando empiezas a dimensionar si hay o no fotos. En mi caso hay un puñado. Son esas que me dan menos pudor mostrar, sólo algunas.

Usando la técnica descrita por el Maestro Larraín en una carta que le escribiera a otro Maestro, Luis Poirot de cómo era su proceso creativo.

En mi caso estoy ampliando algunas fotos elegidas con mucho trabajo en el negativo y la mesa de luz, ampliando en formatos pequeños (20×25 cms.) el negativo entero, sin recortes y guardando en una carpeta. Dejo pasar unos días y vuelvo a la carpeta, despliego las fotos en el suelo y descarto.

Camino a Tortel

De ese eterno descarte, queda la esencia de esa mezcla curiosa entre lo que querías ver, viste, lo que querías mostrar y lo que te regala la fotografía. Hay un elemento infinitesimal de azar y que es un regalo. Con mi amigo y acompañante, Miguel discutimos mucho en un cálida noche caminando por Sarmiento sobre el azar. Para mi es el regalo que nos dan las musas, es esa parte inconclusa e incontrolable que tiene el arte. Para Miguel una ecuación perfecta que regala la explicación de lo inexplicable.

Como verás la soberbia de los cielos, que son un regalo baña casi siempre mis fotos. Es lo efímero de la escena el premio a ese azar que ya te hablé, ya que son dibujos que jamás sucederán otra vez y sólo quedarán registrados con su opuesto que es la sombra del paisaje de la tierra. Hay un diálogo hermoso entre cielo y tierra, vida ambas. Donde sólo pequeños detalles, una cerca, unos palos pobres nos recuerdan que estamos en la tierra y no en el cielo.

Frontera Chile-Argentina (Coihaique Alto)

Valle Sarmiento