Simple no es sencillo

by Jorge Barahona

Hace 18 años, cuando empecé a diseñar web, sabíamos que estábamos ante una nuevo encargo que no se podía resolver con las metodologías y herramientas con que contábamos en ese entonces.

Si bien es cierto habían muchos que dibujaban interfaces de pantallas eran fundamentalmente para software de pésima usabilidad, difícil acceso y con la imposibilidad de usar como herramienta de trabajo sin tomar cursos de capacitación o leer sendos manuales. De hecho, en los 90 me gané la vida enseñando Illustrador, Photoshop y Acrobat.

Se diseñaba pensando que estábamos haciendo herramientas para expertos y como eran relativamente pocos, cada cual aprendería su parte a golpes y porrazos lo que en algunos no fue malo, ya que aprender desde el dolor fue moldeando mi cerebro al aprender DOS y finalmente con el advenimiento de la web, HTML. El resto es historia.

A pesar que he pasado tantos años evangelizando en cada proyecto, sigo sintiendo que le hablo a las murallas, que cada proyecto es una montaña empinada que carcome el ánimo no porque crea tener la razón, si no por el enorme desgaste que provocan los temores e ignorancias corporativas sustentadas fundamentalmente en la equivocada comprensión de ¿qué es Diseñar para los clientes? pero sobre todo ¿qué significa para todas las empresas la digitalización de la vida de sus clientes?.

Hay una pésima mezcla entre los temores y deseos de éxitos inmediatos (por eso compran y compran banners a pesar que nadie los pincha) que no les deja ver el futuro con claridad. En este sentido la miopía absoluta de las áreas de marketing y sobre todo las de tecnología sabotea a diario los deseos de cambio e innovación que buscan los directivos de las compañías.

¿Qué es lo que buscan cuando me convocan para Diseñar la Experiencia de los Usuarios?

Mi trabajo es diseñar, en palabras de Maeda “simplicidad”, pero “simple no significa sencillo” decía Einstein.

El desafío de la tecnología es centrarse más en las personas y menos en el software porque los seres humanos conversamos con servicios no con planillas Excel y menos con códigos .NET u Oracle.

Son los verbos, los actos lo que nos motiva a aprender cómo usar un nuevo dispositivo que en sí mismo es un software. Es por eso que debemos pensar nuestro trabajo diseñando una arquitectura tal que permita que los actos, los verbos tengan cabida y permitan que el ser humano se despliegue.

Sin acto no hay uso, no hay clientes, no hay negocio. La tecnología en sí misma es un anónimo que al igual el Diseño, permiten, facilitan, promueven y deben distinguir el acto como la esencia de nuestro trabajo.

Es por eso que la conversación entre Diseño e Ingeniería se debe promover y facilitar en espacios donde esté claro el objetivo común que trascienda los deseos o metas de cada cual. El fin no es el Diseño ni mucho menos la Ingeniería, el fin es el verbo, que las cosas sucedan en completa armonía con los factores antropológicos y sociológicos que motivan a las personas.

Entender nuestro trabajo enmarcado en las ciencias sociales es urgente ya que en los nuevos tiempos que vive el Diseño nos hemos “tecnologizado” demasiado y peligrosamente, muchas veces perdiendo la conciencia necesaria que requiere nuestro oficio y que me llevan a cuestionar los límites del mismo.

Muchas veces olvidamos que Diseñar es facilitar un proceso que conversa anónimamente con nuestro lado racional pero que a la vez requiere de la emoción de las interfaces para conducir dicho diálogo y en ese juego; diseñar simple es una tarea difícil.

Pero más difícil aún es que te contraten como lazarillo y pongan en duda cada paso que das y que al final por temor siempre terminen tomando el corto, el que les dé el placebo necesario para sentirse dueños de un destino implacable que los niega cada vez más.

Mi teoría a tanta desconfianza y la práctica de comprar el “desde” es que las empresas grandes ganan demasiado dinero haciendo muy poco por los usuarios. Son virtuales monopolios que no tienen nada que perder y por ende ¿para qué calentarse la cabeza con los consejos del lazarillo?, ¿para qué “tanto estudio y preguntas”? ¿Para qué ser simples?.